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En un crishler del 92 escuchando cintas de grandes éxitos españoles de ayer y de antesdeayer, descubriendo el cacho bajista que tiene Café Quijano, y soportando el olor de piés de un servidor, pusimos rumbo hacia Sevilla. Amamos el sur de esta península, de momento pocos nos conocen allí abajo pero en este viaje hemos sembrado varias semillitas, ¿quien sabe si con un poco de cariño en un tiempo puede crecer un árbol?; un olivo por ejemplo, que fué el que predominaba en el paisaje de la ruta alternativa por la que nos guió Ignacio en un alarde de orientación que nos costó, por lo menos, una hora más de viaje hasta llegar al primer concierto en la sala Palo Palo de Marinaleda (Sevilla). Después de dar un concierto íntimo (vamos que 30 personas como mucho) pero bien tocado (y nos permitimos este auto-piropo porque es verdad)  nos emborrachamos (porque cuando lo único que ganas es bebida gratis es un crimen no bebérsela) con León el alegre dueño de la sala que nos acogió y mas tarde nos enseñó el gran camerino con literas y ducha en el que pasaríamos la noche para a la mañana siguiente salir con dirección Sevilla ciudad.

 

Foto Concierto Fnac Sevilla Papawanda

Foto Concierto Fnac Sevilla Papawanda

En Sevilla nos esperaba un doblete, primero en Fnac y después en la sala Hollander junto a la bandaza Bonshivabon. Nuestras espectativas eran altas pero razonables, esperábamos que hiciera sol, en Sevilla, para poder tocar en la calle, ganar algo de dinero y, de paso, hacer publicidad del bolo de aquella noche. Nuestra decepción llegó al ver que no hacía más que llover a cántaros, yo soy de Bilbao y nunca he visto llover así. Pese a todas las contrariedades conseguimos llegar a la Fnac, cuando entramos en el hall principal un caballero muy educado, nos explicó el camino (que daba la vuelta a la manzana) a la puerta trasera del edificio que daba al hall principal. Ante tal incongruencia nos vimos obligados a echarnos a reir mientras subíamos por las escaleras mecánicas cargados con el equipo. Con una mezcla de cansancio y sorpresa, (cansancio por el viaje y la resaca, y sorpresa porque había público esperando pacientemente) nos pusimos a tocar en un formato callejero y cercano con aquel público sevillano, Román cantó «soy minero», en una ronda de preguntas una niña nos preguntó si hacíamos algo más que «esto», todos pensamos que las generaciones más jóvenes son muy exigentes con la fusión y el eclecticismo y al terminar el concierto disfrutamos de la ovación de aquellos que aguantaron hasta el final, nos compraron un par de CD’s y los ánimos se reactivaron, nada como tocar para sentirnos bien.

En la sala Hollander hicimos una buena amistad con Bonshivavon, tuvimos el suficiente público como para no sentirnos ridículos al cantar a un colectivo. Apareció la encantadora periodista de 3milsonidos Irene Martel con quien pasamos la entrevista más divertida hasta la fecha. Y Otra vez nos cedieron un espacio para dormir, ésta vez era un estudio de grabación que habían acomodado para la ocasión. Tocamos todo lo bien que pudimos, el público respondió por encima de las expectativas, y terminamos el concierto a la antigua usanza cantando nuestra versión de «54-46» de los «Toots.  Sudados, cansados y sonrientes nos fuimos a dormir…. bueno dormir…. todo lo que la fiesta Remember de la ruta del bacalao que había en la programación de aquella noche nos dejó dormir. Gente de avanzada edad, con una energía sospechosamente llamativa y vestidos, trajes y chaquetas de otra época, época que a nosotros lejos nos queda, somos presente y futuro pero el pasado no nos deja dormir. ¡Gracias Sevilla! Cuidemos de éste olivo.
Concierto Papawanda en Sevilla Sala Hollander

Concierto Papawanda en Sevilla Sala Hollander